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Restaurantes, Ávila (Castilla y León)

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Restaurante El Molino de la Losa

Bajada de la Losa, 12

05002. Avila (Ávila)

Tel: 920 211 101

Descripción

Antiguo molino junto al río Adaja y excelentes vistas a las murallas de Ávila. Disponemos de una amplia carta de platos, que abarca desde la cocina tradicional castellana a las nuevas tendencias culinarias.

Información ampliada: Características / Instalaciones / Servicios / Actividades / Gastronomía.

Quesos artesanos de cabra del Tiétar, carne roja a la parrilla, crema de limón. Vinos de Ribera del Duero. Si logramos satisfacer vuestro paladar y vuestra vista, si cuando salgais del Molino de la Losa os apetece regresar, nuestro objetivo se habrá cumplido.

Condiciones de accesibilidad.

  • No adaptado.
  • Practicable con ayuda.
  • Practicable.
  • Accesible.

Información de Turismo no se hace responsable de la valoración incluida por el propietario.

Admite mascotas.

No

Categoría.

Restaurante

Ubicación.

Urbano / Interior

  • Centro Urbano.
  • A las afueras.
  • Alejada de poblaciones (aislada).

Localización - Cómo llegar.

En el extrarradio de la monumental ciudad de Avila

Qué ver. Actividades, Visitas, Rutas y Alrededores.

Las aguas del río Adaja se remansan al llegar al Molino de la Losa, hoy vivo y levantado en toda su belleza y su espléndido existir, arrullado por el río, próximo al puente romano, en la zona oeste de las murallas de Ávila.
El paisaje en el que está enclavado se caracteriza por la presencia de diversos elementos que nos ofrecen la historia, el arte y la naturaleza.

La sierra de Gredos queda lejos, encrestada en sus picos azules, presentida desde el llano poderoso del Valle Amblés. Y bordeando es seno del río está la eterna muralla que deja su escalofrío de siglos reflejado en el fluir del agua. En este molino es posible soñar e imaginar momentos de esplendor, tiempos en los que los cubos de la muralla eran fortaleza de asaltos y de batallas legendarias.
A un lado, como recostada en un tiempo de paz y de silencio, la iglesia de San Segundo, patrón de la ciudad, esconde en su seno amarillo de románicos arcos la estatua orante del santo, blanco y pálido como el alabastro que esculpe cada pliegue de su manto y cada rasgo de su rostro.

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